sábado, noviembre 22, 2008

Mario Contreras Vega: "Falta levantar el estándar de la profesión"

Mario Contreras. Fotografía de Mariana Matthews.
Entrevista de Claudia Arellano.
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Conflictuado y a veces confundido entre la tradición y la modernidad de Chiloé, donde vive hace más de medio siglo pero donde aún suele ser tratado como "afuerino", Mario Contreras se da maña para percartarse de los principales fallos en el sistema de comunicaciones literarias del sur: "Falta levantar el estándar de la profesión", dice, casi sin darse cuenta de lo atinado de su diagnóstico.
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Entre ayes y pájaros. Cuando uno escribe, está pensando en reacciones frente a determinadas pulsiones que recoge del medio ambiente. Por cierto, hay una serie de experiencias vitales detrás, de situaciones que uno ya las vivió, pero que no había podido sacar a flote. Antes de escribir Entre Ayes y Pájaros yo había vivido en un lugar de Chiloé que se llama Puntra. Allí había un río donde pescaba y también solía ir a cazar patos. En una oportunidad encontramos un ulmo que tenía un panal de abejas. Lo descubrimos porque la miel caía al suelo. El panal debe haber estado ahí unos diez años. Sacamos 120 kilos de miel de ese árbol. La miel de más abajo estaba petrificada. De repente aparecía una familia de abejas sobrevolando la quinta de manzanos. Entonces le metíamos bulla con tarros, la iluminábamos con espejos, porque, según la gente, con los espejos las abejas iban a perder la visibilidad y bajarían a tierra para apoyarse en los árboles más cercanos. Así ocurría efectivamente. Estando allí las abejas, rápidamente construíamos un cajón, tomábamos el panal y lo conducíamos dentro de él. Tú puedes coger el panal de abejas con las manos. Si no las oprimes y no les tienes miedo, no te hacen nada. Yo me sacaba la ropa, me apretaba los pantalones bien firmes en los tobillos y en la cintura y me iba a coger las abejas a torso desnudo. Entonces, cuando yo hablo de esas experiencias, es porque la viví personalmente. Pero ello no entró en mi poesía sino hasta 1977. Fui a un encuentro de poesía en Valdivia y descubro por casualidad a un cura que había llegado exiliado a Ancud. Se llamaba Jackson. El tenía una colección de libros de Ernesto Cardenal y una antología de poesía china. De allí surge mi vínculo con Li Po, que está anotado en Entre ayes y pájaros. El cura me facilitó esos libros y me dije… ¡Esto sí que es poesía! ¡Lo que yo escribo son puras porquerías! Se me abrió un canal de comunicación con esas experiencias de la vida campesina y la consulta de esos libros. Y así fue surgiendo mi propio libro en defensa del bosque chilote;
Te vengo a suplicar un día de trabajo. La sociedad chilota hasta la década del 80 era una muy homogénea, por una cuestión elemental de su economía, porque los chilotes eran casi todos propietarios campesinos. Aquí no había clase obrera, ni peones de fundo. Todos eran dueños de su propia fuente de trabajo y de sus propias herramientas. Cuando los campesinos se requieren entre sí para realizar las mingas, “te vengo a suplicar un día de trabajo”, dicen. Así, en términos formales, esa es la palabra que usan “suplicar”. Cuando se suplican, están hablando entre iguales. Cuando tú contratas a alguien para que te trabaje en el campo, tú estas hablando con un igual. El que ese día te va a servir de obrero para que te levante un cerco o para que te cape un animal, también es propietario, aunque tú lo contrates de obrero o peón, por lo tanto, no te da pie al trato de patrón como es el trato al inquilino en la zona central. Tú pagas con alimentos u otras cosas, pero estás tratando a un igual. Eso produjo una homogeneidad social y que hace que nosotros seamos diferentes, pero que no nos sintamos inferiores del resto de las tribus del país, las de los burgueses, de los potentados, de los dueños de los campos. De hecho aquí muchos chilotes añoraban en tiempos de la Unidad Popular ser socios de la SNA. En su ingenuidad ellos se sentían de igual a igual con Domingo Durán, con Onofre Jarpa, porque eran propietarios campesinos igual que ellos, aunque tenían sólo cuatro hectáreas;
Nos están haciendo olvidar nuestras raíces. La globalización me afecta en lo personal, en mi escritura. Siento que es un ataque grosero contra nuestra existencia. Yo defiendo esa existencia que conocí en el pasado, esa existencia paradisíaca que uno tiene de niño y que presiente que es la que nos va a salvar. La globalización es un ataque permanente a la relación padre-hijo. Los medios de comunicación establecen el control y el lavado de las conciencias. Se nos quiere imponer el olvido respecto de los hechos que nosotros conocimos y vivimos, algunos felices, otros infelices. Años atrás murió un compañero prisionero político y redactamos un aviso mortuorio. Lo llevé a la Radio Chiloé, pagando el aviso por cierto, “tenemos el sentimiento de comunicar el lamentablemente fallecimiento de nuestro camarada y ex preso político…”. Entonces en la radio me dijeron: “Esto no puede ir…” Y me corrigieron el aviso: “¡Cómo que ex preso político! ¡Es una calumnia, aquí no ha habido presos políticos, los que han estado presos han sido delincuentes! ”… Me sentí súper mal. Pero luego me fui a otra radio, a la Estrella del Mar. Entonces dije yo, si esta gente todavía estando vivos dicen que esta historia no existió, ¿qué va a pasar cuando estemos muertos? Van a decir que esto que vivimos es mitología del siglo pasado. Yo siento que eso es lo que se quiere imponer, ese tipo de olvido. No solo en relación al aspecto político, sino también con las tradiciones, con nuestra cultura, con nuestras formas de vida, que fueron mucho más amables en el siglo pasado, aunque mucho más pobres… No pobres en cuanto a lo miserable, sino más precaria en cuanto a los elementos de subsistencia: nos conformábamos con menos. Nos están lavando el cerebro, nos están haciendo olvidar nuestras raíces. Siento que no tiene ningún valor para el mundo actual la identidad, la que está hecha de esos valores que nosotros traemos de los padres;
La construcción moral del individuo. La identidad no es una suma de etnias, no es una suma de discursos ajenos, no es una incorporación de elementos diversos en un discurso. La identidad es una cuestión de construcción moral del individuo. Tiene que ver con la conciencia que uno ha logrado desarrollar en relación con su entorno. Una construcción de la historia personal de cada uno. El asunto es cómo somos capaces de mantener una coherencia con esa historia para transmitirla en forma coherente a los que vienen detrás de nosotros. Siento que los elementos modernos que se están incorporando no están todavía asumidos en plenitud, no están esparcidos molecularmente en el cuerpo de nuestra individualidad. Están incorporados forzada y ligeramente. Pero llega un momento en que los jóvenes vuelven acá y revisan lo que han asumido, de lo moderno, de lo actual, de la tecnología, y se dan cuenta de que hay muchas cosas que les están sobrando y las empiezan a rechazar de nuevo. Viene un momento de aceptación y uno de rechazo, de satisfacción y de resabio;
La etnicidad. Lo que se reconoce como étnico es aquello que tiene que ver con lo no aceptado por la sociedad dominadora, con los grupos de poder. Una de las primeras formas de esta resistencia cultural, de esta etnicidad, es el uso del lenguaje. Entonces el lenguaje es primordial para que uno pueda arrogarse el papel de una persona vinculada con su poderío, con su voz en lo étnico. El Chiloé consciente, es una etnia que hace resistencia cultural. Yo creo que el aislamiento es más una táctica que una estrategia, es un elemento de reforzamiento, porque Chiloé pudo haber salido del aislamiento, de hecho salió, pero no quiso salir más masivamente. Habían medios, habían condiciones, pero no quiso utilizar ese elemento. Se sentían bien acá dentro de su pobreza, de su mundo propio, no querían conservadores extraños. Yo llevo más de cincuenta años acá y estoy cierto que en algunos sectores me podrían mirar con desconfianza porque soy de afuera… ¡después de cincuenta años!;
El machismo latinoamericano. Como ocurre en toda la sociedad latinoamericana, el poeta hombre de Chiloé no deja de ser un personaje similar al resto de los hombres de este continente. O sea, machista. Se sienten superiores, miran en menos, ningunean y se sienten avergonzados si la mujer tiene más éxito que él. A la mujer se la ve con muy poca fuerza, con poca potencia. Se la ve más bien adecuada para las labores de casa que para escribir poesía. Yo lo escuchaba en los talleres literarios “con las mujeres no hay que preocuparse mucho, porque una vez que se casan, se van a olvidar de escribir”. Bueno… y ocurría efectivamente así. Muchas mujeres usan la poesía como un goce hedonista. Como un asunto puntual para lucirse, para hacer sociabilidad, literatura de salón, de entretenimiento, de compañía. Entonces no creo que haya machismo en realidad. Creo que, simplemente, hay mayor rigurosidad en los hombres para asumir esto como una profesión. Pero hay excepciones notables en este sentido, como en el caso de Rosabetty Muñoz;
Volver al primer verso. El factor geográfico y climático es un componente común para todos los poetas del mundo. En la poesía nuestra, hay mucha historia y esas historias son marcadamente locales y son irreconocibles en otros lugares del mundo. Por eso muchas poesías se quedan pegadas en el espacio geográfico en el que nacen. Cuando fui a la Expo Poesía de Santiago los jóvenes poetas criticaban la reiteración del tema de la lluvia en nuestras obras -aquello que ellos no tienen- y señalaban que no había novedad en nuestras temáticas. Creo que uno sigue volviendo al origen, creo que todos volvemos al momento del primer verso. Mi poesía es religiosa, pero no se ha percibido así… ¡No estoy en ninguna antología de poesía religiosa! Es religiosa en un sentido de unión mística con la naturaleza y de creencia en Dios;
Imágenes del sur. El humo. Siento que el humo es lo que –en resumen- va quedando. El humo que nos hace lagrimar en las noches mientras –adormilados- intentamos imaginarnos los personajes y territorios de las historias campesinas. El humo de los incendios de bosques, de las “quemas” para habilitar potreros de pastoreo. El humo de la ciudad que arde, con ocasión del terremoto de 1960 (fin de una época); el humo de las fogatas junto a las cuales nos convocábamos los jóvenes en los trabajos voluntarios (inicio de otra época); el humo del bombardeo a La Moneda y de las fogatas encendidas en el patio de Carabineros de Castro para quemar nuestros libros y nuestros sueños (fin de otra época); el humo de las Torres Gemelas y las bombas en Irak…;
Un lenguaje de ironías y de guiños. Siento que el trabajo que he realizado trata de incorporar la historia de la gente común, pero narrada por alguien que –si bien convive entre ellos y maneja dicho “lenguaje”- percibe que se requiere de algunos apoyos para “resaltar”, para hacer más visible sus historias. De ahí la recurrencia a la historia pasada que se emparenta con la cotidianeidad, con el acontecer del día a día, con la circularidad, el uso de la ironía, de la burla, de los guiños;
Estética de mundos personales. Me da la impresión que en algún momento en Chiloé quiso crearse una “escuela” que corrió por los caminos del exteriorismo cardenalicio, gracias al influjo de Aumen. La de hoy, si la hay, es apenas una estética del rescate de mundos personales, recordar a la abuelita o al amigo con el que se jugaba al trompo o se espiaba a las primas cuando iban al retrete. Una estética del individualismo semisecreto y conservador, que no se atreve ni a dictar recetas ni a imponer criterios ideológicos, seguramente por cobardía, por carencia de argumentos, por falta de espesor, por reconocimiento implícito de la propia pequeñez;
Conflicto entre tradición y modernidad. Se ha producido una diferenciación en el lenguaje habitual de viejos y jóvenes, de aquellos que han sido y se reconocen “colonizados” y los que se resisten (cada vez más marginales, cada vez con menos espacios) y de aquellos que encabezan la tarea de “modernizarnos”: medios de comunicación afuerinos, pertenecientes a las grandes cadenas de la información y la globalización, entre ellos autoridades y formadores que desconocen sus raíces y su historia y que acusan de agoreros a aquellos que se resisten a sus políticas;
Un Castellano de misa de difuntos. Se tiende a escribir en un castellano semi arcaico (pero vigente o al menos no obsoleto) con voces provenientes de la Biblia de nuestros padres. El discurso religioso prima, aún en los que se identifican como agnósticos o ateos. En el espacio de “lo chilote” la diferencia está en el modo en que se usa el lenguaje, no en el lenguaje mismo. El tono musical del discurso de nuestros poetas –hombres y mujeres- hace que sus lecturas de poemas se parezcan a los rosarios cantados con que se acompaña a los difuntos;
Levantar el estándar de la profesión. El trabajo continúa realizándose en silencio y con soportes insuficientes. Eventos regionales de poesía a los que no todos concurren por su persistencia en el decadentismo y la estética naif. Ferias del Libro que privilegian a los escritores de moda en Santiago. Editoriales que imprimen pero que no comunican ni distribuyen. Faltan gerentes para levantar nuestra actividad. Falta que nuestros escritores perciban la diferencia entre un libro impreso en una imprenta comercial y un libro hecho por un editor. Falta la coordinación de muchos especialistas en torno al libro como objeto de arte: diseñadores, diagramadores, ilustradores, fotógrafos, críticos, traductores, comunicadores. Tenemos peso y potencial, pero carecemos de las habilidades y capacidades para enfrentar las realidades del mercado del libro.
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Entrevista realizada por la antropóloga Claudia Arellano Hermosilla en el Restaurante Vista Hermosa de Castro, el 24 de julio de 2008;
Edición y bajada de título de Clemente Riedemann;
(c) SURALIDAD EDICIONES, 2008;