domingo, noviembre 16, 2008

La identidad como persistencia en el tiempo

Underground.Fotografía de Fabiola Barrientos (2008)
Claudia Arellano Hermosilla, antropóloga. ___________________________________________
Cambiar sin dejar de ser los mismos o las mismas, como la piel que aparece debajo de la piel, luego de un verano soleado. Transformarnos a partir de lo que somos o mutar hacia otra índole. Asumir la multiplicidad de roles sabiendo que se es ninguno y todos a la vez. Aceptar que del "nosotros" suele desgajarse un "ellos". Tal es la fascinante sinuosidad de este concepto. Más fascinante aún lo es su realidad, entre otras cosas, por que así son las cosas. Estas mismas palabras dicen ahora de un modo distinto lo que suponían al momento de pensarlas. Y, sin embargo, sostienen su nódulo. Como el agua que emana de un surtidor.
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Cambiar sin dejar de ser lo mismo. Entendemos la identidad como un proceso que está en constante transformación, que tiene la capacidad de perdurar —aunque sea imaginariamente— en el tiempo y en el espacio. Pero más que de permanencia habría que hablar de continuidad en el cambio, en el sentido que la identidad a la que nos referimos corresponde a un proceso evolutivo y no a una constancia sustancial; es más bien la dialéctica entre permanencia y cambio, entre continuidad y discontinuidad lo que caracteriza por igual a las identidades personales y a las colectivas. Éstas se mantienen y perduran adaptándose al entorno y recomponiéndose incesantemente, sin dejar de ser las mismas. Se trata de un proceso siempre abierto y, por ende, nunca definitivo, ni acabado. Según Barth (1976) “la identidad se define primariamente por la continuidad de sus límites; es decir, por sus diferencias y no tanto por su contenido cultural, que en un momento determinado marca simbólicamente dichos límites o diferencias. Por lo tanto, las características culturales de un grupo pueden transformarse a través del tiempo sin que se altere su identidad”;
Transformación y mutación. Podemos concebir el cambio como un proceso que comprende dos formas más específicas: la transformación y la mutación. La transformación sería un proceso adaptativo y gradual que se da en la continuidad, sin afectar significativamente la estructura de un sistema. La mutación, por otra parte, supondría una alteración cualitativa del sistema, es decir, el paso de una estructura a otra;
Identidades múltiples. Desde la perspectiva del cambio y la permanencia, es necesario entender la relación que se establece entre identidad y cultura. Gorosito Kramer, en Identidad, Cultura y Nacionalidad (1994), nos explica como la identidad es una expresión de la cultura: “la cultura internalizada en sujetos, subjetivada, apropiada bajo la forma de una conciencia de sí en el contexto de un campo ilimitado de significaciones compartidas con otros”
Para la autora, los sujetos pueden poseer múltiples identidades. En la misma obra, señala: “Se adquiere identidad con la incorporación satisfactoria de un modo particular de significar la realidad; y sin duda esa identidad tiene un protocolo de expresión pública, diferente de otros de expresión privada o de tantos otros como tipos de situaciones -marcadas socialmente- son posibles dentro de este microcosmos cultural…Pero estas distintas modalidades de expresión de la identidad no constituyen rupturas internas del sujeto, no formalizan discontinuidades abruptas que puedan disolverlos en tantos sujetos como situaciones distintas exijan la demostración de aspectos diversos”;
Us and them. Una reflexión similar sobre la idea de identidades múltiples es la que hace Gregorio Recondo (1994) cuando señala que “el ámbito de adscripción de las personas es múltiple, porque los humanos vivimos en distintos círculos que tienen un origen propio. La primera identidad (raigal) se manifiesta relacionada con la tierra natal y la propia familia...A partir de allí se dan otras adscripciones, que suelen responder a elecciones particulares. Así, las personas pasaríamos territorialmente del ámbito local o vecinal al regional y luego al nacional, todo esto porque pertenecemos a varios círculos -e inclusive a todos simultáneamente- a través de identificaciones sucesivas”. De esta manera compartiríamos adscripciones con diferentes sujetos, participando con ellos de un “nosotros”. Y, sin embargo, bajo otras lógicas, los mismos se transformarían en los “otros”, en los diferentes, hasta en los antagónicos.
__________________________________ Referencias.
Barth, Fredrick. (1976) Los Grupos Étnicos y sus Fronteras. Fondo de Cultura Económica. México; Gorosito Kramer, Ana M. (1997) Identidad, Cultura y Nacionalidad, en Globalización e identidad cultural. Editorial Ciccus. Argentina; Recondo, Gregorio. (1994) Identidad, Integración y Creación Cultural en América latina. El desafío del MERCOSUR. UNESCO. París;
(c) SURALIDAD EDICIONES, 2008